lunes, 22 de agosto de 2016

EL SUBLIME DESPROPÓSITO DE FILMAR "EL CAPITAL" DE MARX





















Entre 1927 y 1929 – acaso motivado por la gran crisis económica de ese último año – el célebre realizador soviético Sergio Eisenstein acometió la idea de adaptar al cine El Capital, de Carlos Marx. Fue inmediatamente después de estrenar "Octubre" en el Teatro Bolshoi que – probablemente al cabo de dicha hazaña en la que tuvo a toda Moscú a disposición sintiéndose el Cecil B. De Mille de la URRSS – llegó a rodar 49.000 metros de una película que quedaría inconclusa. Cuentan que se inyectaba anabólicos para aguantar despierto en la sala de montaje hasta 48 horas. A causa de ello perdió la vista. Y así, como un moderno Homero, se entrevistó con James Joyce con la intención de que lo ayudara a adaptar a tal empresa la estructura narrativa de su Ulises, consistente ahora en el monólogo de la mujer de un obrero que condensa la historia de la humanidad entre la cena y su posterior descanso.

La obra que recoge semejante legado explora los retazos, las intenciones que dejó para la posteridad el célebre director ruso recurriendo a verdaderos diálogos entre su autor - el pionero del Nuevo Cine Alemán Alexander Kluge - e importantes referentes contemporáneos del arte y el pensamiento de su país. Todo eso se interseca con expresivas placas que recurren a una tipografía variada y a veces semantizada por íconos alusivos al tema que se aborda, remedando ciertos afiches de la Bauhaus. A medida que avanza el metraje, Kluge va interpretando la construcción yuxtapositiva y narrativa que se proponía el director de “El Acorazado Potemkin” y la va adoptando, a la manera de un hipertexto  fílmico: https://www.youtube.com/watch?v=tXG9mtY3aHY

Libro Primero

Alternando piezas clásicas para piano y apelando a un plano medio muy despojado, aparecerá en escena el escritor Hans Magnus Enzensberger, confesando “siempre quise escribir un poema sobre economía, pero nunca pude abordarlo”; a lo que Kluge aportará que muchos coros griegos discurrían sobre vastos dilemas de la humanidad.

Más adelante desfilará ante cámaras una traductora rusa que, en un riquísimo intercambio con el realizador germano, intentará definir etimologías y acepciones entre los conceptos de Marx y las interpretaciones de Lenin.

Acaso en el pasaje más atrapante de esta primer entrega, el joven narrador Dietmar Dath vierte opiniones como las siguientes: “Marx utilizó como sujeto al capital, Benjamin podría haberlo hecho desde las fuerzas productivas, pero no lo hizo (…) Los comunistas modernos prefieren una praxis con errores antes que una teoría sin errores que nada enseña. Prefieren seguir el proceso histórico y eso también es una actitud griega. Es una actitud trágica. Vamos a aprender algo de esto, aunque advirtamos de entrada que nos llevará a una catástrofe. Seguimos el aprendizaje hasta el final por curiosidad (…) Hay marxistas porque existen los keynesianos, pero acaso el sueño de Marx era que no fueron necesarios. Porque hay diversas formas de socialismo”.

Libro Segundo

La segunda entrega arranca con la imagen de un cielo sin nubes, que desciende hacia una calle de Alemania transitada por una joven con minifalda y botas de cuero. De repente se detiene en el pormenorizado análisis de cada detalle en su carácter de mercancía, zoomeando hacia la falda de la chica, el portero eléctrico del edificio detrás, o la goma de mascar adherida a la acera.

Poco después visitaremos el cementerio donde yacen los restos de Carlos Marx, no precisamente bajo el busto de piedra que lo evoca sino, fuera del alcance de los curiosos, bajo una vieja lápida partida. Porque era judío.

Retomando la secuencia de reflexiones que vertebran la obra, el filósofo Peter Soterdijk conjetura sobre el posible abordaje audiovisual que Eisenstein le hubiera dado a El Capital: Así como Homero recurre al héroe que recorre el mediterráneo desarrollando múltiples estrategias de supervivencia, Marx nos narra la metamorfosis del dinero. El pensador concluirá expresando que “la ruina del marxismo es haber perdido su magia metafísica original y haber abrevado en el positivismo de las ciencias burguesas (…) Habría que complementar la tríada Marx, Engels Lenin con Ovidio, el autor de La Metamorfosis”.

Otro cientista social afirma, en plano medio contra fondo oscuro, con una bombita de luz omnipresente pendiendo sobre su cabeza y apoyado sobre los volúmenes en cuestión: “Un revolucionario es, antes que nada, un gran observador (…) Alguien capaz de conectar situaciones de final con situaciones de comienzo (…) Alguien capaz de hilvanar el futuro  con fragmentos de pasado que se desvanecen. Un artista del montaje.” (el subrayado es mío)

Esta entrega culmina rindiendo tributo a la revolucionaria obra del compositor veneciano Luigi Nono, como uno de los grandes intérpretes de la epopeya humana a través del arte.

Libro Tercero

Este ensayo audiovisual continúa alternando fotomontajes tendientes a ilustrar los conceptos más abstractos sobre economía con perfomances actorales donde se da lectura a algún pasaje del texto canónico de Marx, remedando posibles destinatarios que abrevan en él en distintos momentos de la Historia y latitudes del planeta.

En algún pasaje se aludirá a la ópera de Max Brandt “El lamento de las máquinas”, indagando acerca de si existen los “derechos humanos de las cosas”.

Un par de actores – uno caracterizado como el gran filósofo alemán y otro como un hombre de Neanderthal – leen un pasaje de “La división del trabajo”.

El director intercambia telefónicamente con el poeta Dûrs Grumbein acerca del poema El Capital, escrito por Bertolt Brecht en métrica clásica hacia 1945.

Oskar Negt, estudioso de Marx, sostiene que “La idea del socialismo es capitalizar el trabajo acumulado por generaciones (…) Lo que Marx critica del capitalismo es que no puede cosechar su trabajo humanamente”.

El Profesor Rainer Stollmann, de la Universidad de Bremen  discurre sobre intercambio comercial intentando rastrear sus orígenes  antropológicos. Al respecto dirá: “Nunca he visto a dos perros intercambiar un hueso.”

A continuación se rinde tributo a Karl Korsch - maestro de Brecht -, como el mejor comentarista de Marx.

Se pasa revista al incidente de una comisaria soviética que sobrevive a un naufragio junto con un puñado de oficiales, resistiéndose a la barbarie hasta ser rescatada por un submarino nazi. La historia se compara con la de Robinson Crusoe, dando cuenta que este, en soledad, reproduce los esquemas ideológico-sociales de su matriz cultural británica culminando por esclavizar a su criado negro; mientras la revolucionaria en cuestión oculta su pistola Máuser para evitar conductas desesperadas, y – estando allí su amante – nadie la asedia sexualmente (como si se estuviera ante la reproducción de otra clase de valores) No obstante, dada la excepcionalidad de dicha experiencia, se concluirá sosteniendo que una conducta socialista encontrará mayor fertilidad en sociedades desarrolladas que en primarias.

La saga culminará con un paso de comedia a cargo del actor Helge Schneider, quien – interpretando tres personajes: un obrero desocupado, un imitador de Marx, y un compositor de música para cine – pasará revista sucesivamente a los ecos y vigencia de El Capital.

En conclusión, el documental experimental de 570’ mediante el que Kluge revisita el proyecto eisensteniano no retoma el metraje dejado por el autor de "La Huelga" en su desmesurado intento inconcluso, sino que conjetura qué posibilidades objetivas hubiera tenido este de adaptar al cine la obra en cuestión y, en tal caso, de qué recursos expresivos se hubiera valido. Simultáneamente analiza con agudeza la resonancia en el Siglo XXI de los conceptos que la misma contiene.-


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